¿Todo tiene fecha de caducidad?

árbol hoja caduca

¿Uds qué creen? Yo creo que sí, aunque siempre te puedes amparar en la máxima: renovarse o morir, o en ese positivismo tan happy que hoy hasta resulta exacerbado: “Lo mejor está por llegar” (frase lapidaria donde las haya)… Ardua tarea pero no imposible y, aplicable a todas las facetas de la vida.

Cuando comencé a navegar por estas aguas turbulentas que son las redes sociales, me enamoré de ellas, hubo gente que me animó y los ha habido a quienes también yo he animado, sobre todo con el pájaro azul, pero tal vez, solo tal vez, todo tenga fecha de caducidad. Dicen los expertos (y efectivamente: ¿quién no lo ha experimentado?), que en una relación, tras la etapa de trastorno mental transitorio, llega el reposo del guerrero, esa etapa en que comienza la verdadera amistad y la auténtica complicidad, esa es la genuina y conseguir alcanzarla es lo complicado. ¿Cuántas parejas se separan tras la luna de miel, tras ese inicial trastorno mental transitorio cuya duración, algunos centran entre uno y cuatro años? “No es lo que creía, pensé que era completamente distinto a como es, me separo”.

Pues ahí, ahí estoy con las redes sociales. La cuestión es que pudiera parecer que no hay término medio, (el de la virtud). A primera vista, reduciendo mucho la reflexión, la situación se ubicaría en los extremos: o el ostracismo (entrecomillado) e invisibilidad, o bien, la excesiva exposición, con todas las consecuencias. Y es que ¿Por qué c……arajo nos podemos mosquear con quienes no conocemos? Y ¿Por qué c……arajo nos podemos mosquear con quienes sí conocemos? ¡¡¡Es completamente absurdo!!!  Algunos ubican el término medio en ese que yo asimilo a “la vieja el visillo”, véase la parodia de un conocidísimo humorista: “Estáis muuuu callaos, ¿no contáis ná?” Se corresponde con el individuo que se abre una cuenta para observar (que otro término me parece muy fuerte), está, pero como si no estuviese aunque naturalmente, se entera de todo.

Pero probablemente, más bien, diría yo, el término medio sea otro, pues entre la sobreexposición y “la vieja el visillo”, existe ese internauta comedido, prudente, el que revisa las veces que haga falta el tuit antes de darle a “intro”, pero mire, no me sirve para mantener el enamoramiento, porque a lo que iba: ¿Cuánto tiempo tardas en escribir en un chat? Y: ¿cuánto en hablar por teléfono?, ¿cuántos malentendidos se resolverían mirándonos a los ojos? Escuchando el tono de voz de tu interlocutor, observando los gestos, saludando con un buen apretón de manos, con un efusivo abrazo, o con dos besos bien  dados…

Por no tratar otro tema espinoso: el de la intimidad, falso de toda falsedad, como a menudo repetía un letrado que ya no está entre nosotros y al que yo admiraba. ¿Cuantísimos chats “privados” tenemos?: “Oye quién es @fulanito o @menganita, sí hombre (o mujer), es zotanita y su destino es perenganito”, eso, si no lo has dicho tú y con una simple captura se desvela el misterio nada misterioso, aunque admito que los hay que conservan el tesoro, y seguimos sin saber quiénes son (ahora mismo, en nuestro planeta jurídico, tengo en mente dos o tres muy “populares” y Uds seguro que también).

Pues en ese oleaje me muevo, entre la invisibilidad por hartazgo o desilusión, salir a pelo, sin seudónimo,  o mantener lo que ya no sé si es el término medio, porque me niego a encarnar a “la vieja el visillo”. Total, que no sé si el romance ha caducado.

En fin, las vacaciones las aprovecho como tantos. Dan para mucho: para cambiar de rutinas, divertirse, descansar, leer, dormir a pierna suelta, para escribir y también para reflexionar en voz alta.

                                                          @angels_blaus

 

A los ojos de muchos, los buenos pueden parecer ilusos.

 Cuando escuchamos: “fulanito o menganita” tiene taaaaaan buen corazón, o: “eres taaaaaan bueno”, en ocasiones se malinterpreta y se traduce como equivalente a iluso. Casi prefiero lo contrario o que se crea lo que se crea, no se diga con ese retintín que parece tener aquella traducción. Y es que es complicado saber dónde está el término medio, ese en el que mi madre ubicaba la virtud cuando discutíamos:  

“En el término medio está la virtud hija mía” 

 Muy bien mamá, pero ¿dónde está ese punto?

 

41H

Aristóteles decía que la virtud se puede aprender, no era algo innato, sino que era fruto de la libertad, siendo un hábito.

  Pues en ocasiones, esa buena costumbre puede girarse en nuestra contra y me revienta esta conclusión. Por otro lado, en esencia, el hombre bondadoso es quien responde al perfil de quien posee lo que siempre hemos conocido como las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Difícil ¿verdad? ¿Puede un cúmulo de continuas decepciones erradicar nuestras ilusiones?, ¿cortar nuestras alas?, ¿nuestra tu pasión? Supongo que puede, pero sería ideal lo contrario. Ese es el discurrir vital: arriba y abajo, abajo y arriba y vuelta a empezar, pero cuando se vuelve a comenzar, ello también va unido a un deseo: no volver a escuchar: “¡es que es taaaaaan bueno!”. La frasecita de marras se puede decir también para zaherir a quien la recibe; en otras ocasiones, es el corazón quien la dicta y se dice con sinceridad y sin dobleces.

 ¿Creen que los que tienen tan malas pulgas son más respetados? Yo creo que no, a veces, simplemente se huye de ellos, lo que puede parecer respeto es todo lo contrario, nos alejamos o apartamos de quienes hoy se tildan de “tóxicos”. De todas formas, últimamente como que me decanto por menos “buenismos”. Así que… Nunca es tarde si la dicha es buena.

 

@angels_blaus