“La sombra de la sospecha es igual a nada”.

Leo noticias de una familia sobre la que se ciernen múltiples sospechas, investigaciones en curso y también respecto de alguno de ellos, ya condenas firmes, y cuando se le pregunta a uno de sus miembros, este responde: “solo pienso en los jueces y fiscales criminales que han metido en prisión a mi padre“. Reconocer y admitir nunca, arrepentirse menos todavía y ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, siempre.  Y al hilo de ello, se me plantea justo la otra cara de la moneda.

Cuando hablamos del inframundo, según nuestro DRAE, nos referimos a dos acepciones: al conjunto de personas que viven de forma miserable con respecto a la sociedad a la que pertenecen y también, al mundo de los muertos y de los espíritus. Expresión en su primera acepción, similar a “submundo”, es decir, referido al ambiente marginal o delictivo.

Ese submundo, existe tanto en la vida real como en la vida virtual: la Web profunda o Internet profundo, también conocido como Deep Web, Invisible Web, Dark Web, Hidden weeb  o Red Tor. Bueno, pues siempre que leo sobre lo que es el inframundo virtual, se suele simbolizar con un iceberg o mole de hielo desgajado del polo, del cual solo se ve una pequeñísima parte, esa pequeñísima parte es el mundo visible y el resto, la gran mole, navega por turbios y profundos océanos. Ese simbolismo, no puedo evitar enlazarlo con tantos juicios que hemos celebrado (y ya van unos cuantos) y es que nuestro derecho penal, este derecho que es tan teatral, con una puesta en escena tan peculiar, también lo visualizo y en no pocas ocasiones, como esa mole de hielo de la que solo se llega a ver una parte cuasi ridícula.iceberg340

Lo cierto y  verdad, es que muchos delitos se quedan por descubrir y de entre los que se descubren demasiados quedan en la nada, esa nada que en literatura me evoca a la novela existencialista así llamada: “Nada” de Carmen Laforet, donde la autora magistralmente reflejaba la España oscura y triste de nuestra posguerra.

Pues también en nuestro mundo judicial muchos casos quedan en la nada, esa nada que surge al abrigo de una insuficiente prueba de cargo o al abrigo de la duda, y ahí quedan horas y horas de investigación olvidadas para siempre, sumergidas en lo que los juristas llamamos vacío probatorio o insuficiencia probatoria. Esas horas que se quedan en formol, representadas por una sentencia absolutoria por lo siglos de los siglos.

Esta es la excelencia de nuestro Estado de Derecho. Superados tiempos inquisitoriales, esta es la excelencia, donde créanme, aquello de absolver a un culpable antes que condenar a un inocente no es una frase de película, es lo que resume ese Estado de Derecho en el contexto que estamos tratando.

Estas son las reglas del juego, un juego en el que participamos todos, desde el peón hasta el rey, pero ¿qué cara creen que se nos queda a los jueces? Pues ahí lo dejo, a su libre albedrío.

Solo haré una apostilla que es de perogrullo (creo): la policía no es tonta, y los jueces…Tampoco.

 

                                                              @angels_blaus